Europa, ¡qué vergüenza!

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"Refugiados frontera"

Al mismo tiempo que Europa presume de democracia, de libertad e igualdad, mueren en sus costas miles de emigrantes pagando un alto precio en su intento de acceder al continente en busca de una vida mejor.

Elegir el camino del exilio voluntario no es un capricho. Huyen de las guerras, la esclavitud sexual y el hambreprovocados en sus países de origen, en gran parte, por las políticas exteriores de los gobiernos miembros de la UE.

Las imágenes que hace poco más de un año nos dejaban las vallas de Ceuta o Melilla y sus vejatorias concertinas, los vídeos de los disparos contra emigrantes de la Guardia Civil en la Playa del Tarajal o los náufragos de Lampedusa, retornan a nuestra memoria hoy cada vez que miramos hacia las playas turcas, las islas griegas de Chíos y Lesbos, la frontera entre Grecia y Macedonia o la ‘selva’ de Calais en Francia.

Durante el reparto de refugiados que Europa negociaba entre sus miembros, como si las personas fueran mercancías con las que comerciar, aparecía muerto el niño Aylan Kurdi, una víctima más que tras el primer impacto visual producido no ha servido para ayudar a quienes se ven forzados a abandonar su hogar, su muerte fue en vano.

Hace días conocimos que más de 10.000 niñas y niños han desaparecido en el éxodo a Europa, su destino más probable, la esclavitud sexual y el mercado negro de órganos humanos. Huían de la guerra y el hambre mientras  de un continente que tritura sus sueños de conseguir una vida que merezca ser vivida.

Desaparecieron en silencio, sin ruido, no vaya a ser que los gobiernos europeos se sientan retratados por suinacción, por su pereza y su desidia; por su incompentencia total ante la mayor crisis migratoria y humanitaria que sufre Europa desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Desaparecieron mientras se levantaban ante ellos y ellas muros en forma de vallas, de cuotas de asilo y de concertinas, muros que no hace mucho tiempo atrás celebrábamos derribar.

Mientras la Europa institucional y los gobiernos que la forman nos avergüenzan y asquean, quienes no lo hacen son los colectivos sociales, las plataformas ciudadanas, las voluntarias y los voluntarios a nivel particular y pertenecientes a parques de bomberos y equipos de salvamento marítimo, quienes en un ejercicio de solidaridad y a través de un gran trabajo desinteresado se han organizado durante este tiempo para asistir y dignificar la vida de las desplazadas.

Una vez más, como tantas otras antes, se demuestra que solo las personas concienciadas y organizadas son capaces de ejercer y aplicar la Declaración Universal de los Derechos Humanos, una vez más se demuestra que al pueblo sólo lo salva el pueblo.

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